Nostradamus fue un destacado médico y astrólogo francés que vivió en el siglo XVI, cuando ya estaba consolidada la llamada Edad Moderna. Este período de la historia, que se inició con la toma de Constantinopla por los turcos otomanos en 1543, según algunos, con el descubrimiento de América o con la Reforma Protestante, según otros, se caracterizó por el desarrollo del humanismo, por el renacimiento de las artes con inspiración en la cultura clásica greco romana, por los avances científicos y tecnológicos (como la invención de la imprenta), por la apertura de las rutas oceánicas mundiales y los grandes descubrimientos geográficos. También en este siglo se consolidó la economía capitalista en Europa, sobre todo por la participación de sus inversionistas en las empresas que hicieron posibles los descubrimientos geográficos y conquistas, y en el éxito del comercio a escala mundial, relacionado sobre todo con las especias, la seda y los metales preciosos. Todo esto tiene el efecto de ampliar enormemente los límites geográficos y culturales de los europeos, cuya influencia llega ahora a todos los lugares del mundo, incluida la religión cristiana que se expande con los descubridores y conquistadores. Sin embargo, esta mirada es eurocéntrica: Europa es el centro geográfico, histórico e ideológico del mundo. A partir de este centro, la influencia europea se hace universal, y Nostradamus, como hombre de su siglo, puede extender su mirada, basada en la astrología, no sólo para escudriñar los acontecimientos relacionados con el futuro de Europa, sino que se atreverá a predecir el final del mundo, establecido en las señales de los astros y en las profecías bíblicas. Nostradamus extiende también, a su manera, los límites del conocimiento de los europeos.
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